Sunday, January 15, 2006

12.01 y 13.01.2006

Fuguet y CafeCentral


Creo que ya he mencionado antes lo atareado que me tiene este blog y la necesidad de tener para ustedes “impresiones” diarias. Y podrán haber notado, porque lo he hecho yo viendo las estadísticas de visita de esta página, que los últimos dos días de la semana pasada no logré sentarme al computador para escribir para ustedes. El trabajo se me ha extendido en la oficina mas allá de lo normal y la necesidad de encontrar un cybercafé abierto para estos efectos en Reñaca, balneario por excelencia (dificulto si excelente eso si) ha hecho que ahora en verano deba compartir horarios con extranjeros habidos de comunicarse con sus seres queridos, y por lo que he conversado con ellos, por un afán mas ligado a generar la envidia de quienes están en Europa enterrados bajo cero que por un verdadero y profundo sentimiento fraternal y de melancolía producida por la distancia. Así y todo, podría excusarme con ustedes por i falta y encontraría formas de hacerlo pero la verdad esta vez es más compleja. Y la culpa la tiene Fuguet. Alberto Fuguet.

Y es que ocurre que el poco tiempo que me ha quedado estos últimos días en vez de dedicarlos a pelear por un espacio en el Rústico (cybercafé que me ha albergado durante toda esta experiencia literaria y que se ubica emplazado en pleno corazón del balneario que me ha visto crecer y que a diferencia de otros del tipo mantiene lo de “café” porque aquí puedo comer cuando quiero) he dedicado casi en forma adictiva mis desvelos a reencontrarme con Fuguet. Se me había olvidado lo mucho que me gusta verme reflejado en su prosa.

Crecí leyendo sus columnas en la Zona de Contacto de El Mercurio, lo leía a él, a Bianchi a Illanes y muchos otros que hoy detrás de las letras nos llenan de historias tanto en la televisión, la prensa y el cine. Recuerdo que coleccionaba la revista, recortaba las historias que más me gustaban y concursaba siempre enviando mis historias. Demás está decir que nunca gané nada y más aun decir que no buscaba ganar si nos mas bien verme publicado en el mismo escenario de celulosa prensada que mis entonces ídolos cubrían de letras en una danza que me impresionaba por lo asertiva al momento de reflejar la realidad. Esa misma realidad que yo vivía desde provincia y de la que tenía mucho que decir. O por lo menos eso creía yo.

Y después de ver en el cine Se Arrienda, ópera prima de Alberto Fuguet que como él mismo dice en el repetidísimo documental que da vueltas y vueltas en Showbiz, “es mas bien la primera película de un cinéfilo que ha escrito un par de libros”, esta navidad me han llegado los dos únicos libros de él que no tenía. Las Películas de mi vida y Cortos. Y aunque en orden inverso, comencé por Cortos. Y ahí estoy y por eso la verdad las noche de esta semana las he disfrutado envuelto en este libro poco pretencioso de tapas blancas. Como estaba mi mente. Y como están en este momento de mi vida mis sueños más personales, en blanco a la espera a que me decida a escribir las más complejas páginas de una historia que probablemente no necesita ser escrita y no desea ser leída.

En resumen, permítanme suplir el vacío de estos días con una sana recomendación: lean a Fuguet. La recopilación de Cuentos con Walkman, Mala Onda, Sobredosis,Tinta Roja, Las películas de mi vida y Cortos, son experiencias que no pueden dejar pasar.
En un lenguaje sin rescatado de la calle sin sus vicios esta bien decir, sin sponsors pero nombrando cada cosa por su nombre, encontrarán en las líneas de Alberto que las farmacias tiene nombre, los computadores tienen marca y los personajes se divierten el Las Urracas tal como lo hiciste tu alguna vez. O como lo vas a hacer mañana. No hay temor a ser políticamente correcto aún cuando la historia no cambiaría si el recorrido urbano estuviese lleno de nombres ficticios. No, nada de eso. Las historias de Fuguet recorren las mismas calles que tu y que yo. Con nombre y apellido. Y eso las termina haciendo personales. Como cuando haces zapping y te encuentras que el británico flemático de CNN en Smart Traveller recorriendo las calles de Santiago de Chile y te quedas pegado viendo lo que has visto siempre, pero con la oculta exitación infantil ue produce verse a uno mismo con los ojos de otro. A todos nos gusta saber que piensan de uno. A todos nos gusta saber que piensan otros de las calles y lo lugares que recorremos diariamente, nos gusta saber si nuestra vida no es tan aburrida y trivial como imaginamos. Es que no logramos ver el cuadro completo a menos que dejemos, como la hormiga, de caminar sobre el lienzo.

Asi es que ya no diré mas, experimenten la prosa de Alberto Fuguet y perdonen mi fanatismo, al fin y al cabo, esto es CafeCentral.

Y aquí les va lo que algunos profesionales del tema han escrito de Cortos…nos vemos

Nada de cortos, y contundentes
Por Camilo Marks
Revista de Libros de El Mercurio, viernes 22 de octubre de 2004

Fuguet mantiene un estilo único, en la actualidad más pausado, más cerebral, transformando, en sus buenos momentos, cualquier asunto en prosa libre, fluida. Cortos, de Alberto Fuguet, tiene un solo relato breve, varios cuentos que superan las 50 páginas, acercándose a la nouvelle, y dos extensas narraciones, una de ellas realmente notable y la otra, a veces casi ilegible, salvo que uno sea fanático del cine y televisión locales, de los entretelones sobre productoras, revistas y gente de ese medio o esté al tanto de los oscuros proyectos y recónditos afanes de quienes pertenecen a la actual generación audiovisual y cibernética. En total, son ocho historias, algunas bien concebidas, otras demasiado alargadas, casi siempre con el sello inconfundible de este autor. Fuguet ya no escribe como en Sobredosis o Mala onda, aunque mantiene todavía un estilo único, en la actualidad más pausado, más cerebral, transformando, en sus buenos momentos, cualquier asunto en prosa libre, fluida, de la misma forma en que se manifestó al crear sus primeras ficciones.
La colección se abre con "Prueba de aptitud" y nos trasladamos a comienzos de los años ochenta, a un preuniversitario donde estudian aquellos que no consiguieron el puntaje adecuado en el fatídico examen; se trata de una especie de carta de presentación, porque, en el transcurso de los demás argumentos, varios personajes reaparecerán, adultos o en escenarios distintos. El protagonista, Álvaro Ferrer, deja embarazada a una chica de 15 años; su madre es amante de un oculista; hay un viaje a Stroessner, Paraguay, donde vive el padre, y los hechos culminan en la ya habitual violenta fiesta a orillas de una piscina. Tal vez hay un abuso de la frase corta o la oración de una palabra, intercalada con períodos más extensos; el texto, en todo caso, se sostiene bien. "Santiago", un acertado título, alude a Santiago Camus Letelier - SCL, la sigla internacional del aeropuerto de Pudahuel- y a las andanzas de su regreso a la capital chilena, donde comienza la búsqueda de Lorenza Garcés, una antigua novia. Descontando ciertos tics y repeticiones, es un vertiginoso panorama de la ciudad, una ironía sobre el pasado que nunca fue mejor y el presente, que es peor y un paisaje colmado de nombres alrededor de Santiago, quedando en la memoria sus padres y hermanos, además de Lorenza, a quien, quizá para fortuna nuestra, nunca conoceremos.
"Far West" es una entrevista de casi 40 páginas entre Felipe, periodista ávido por dar un golpe noticioso, y Pablo, un surfista en Pichilemu con una infancia espantosa y su padre preso. En letras cursivas, se adivinan los pensamientos de Felipe: qué le va a preguntar, cómo continúa, cómo lo hace para impactar, dejar contenta a su editora, hacerse famoso. La existencia de Pablo ha sido terrible, con un pasado de brutalidad, barrios bravos y balazos. "La hora mágica (matiné, vermouth y noche)", una suerte de interminable guión - casi 100 páginas- es la última pieza del volumen y lleva este procedimiento al paroxismo, mediante un diálogo que sobrepasa las 70 carillas y que cuesta mucho seguir y comprender.
"Perdido", en cambio, es una de las crónicas valiosas de la antología y es la más escueta: "En un país de desaparecidos, desaparecer es fácil. El esfuerzo se concentra en los muertos. Los vivos, entonces, podemos esfumarnos rápido, así". "Más estrellas que en el cielo" constituye una parodia constante del spanglish, de las frases hechas en inglés, del acento en los colegios americanos o británicos. Y la obra, que al principio parece un galimatías, un recorrido mental y físico por los Estados Unidos en jerigonza, cuando se logra entender, se disfruta plenamente.
"Road story" es la mejor novela corta del tomo y hace olvidar defectos, manierismos, reiteraciones o caprichos idiomáticos. Simón Rivas va a la deriva, su mujer lo engañó con alguien ya conocido - Lucas Walker- y el viento, los espejismos, la arena, lo conducen a Tucson, una ciudad "solo de universitarios y mexicanos que se quedaron a este lado de la frontera". Entre mentiras que son verdades y verdades que son mentiras, él y Adriana Tejeda, una boliviana que es pariente de Raquel Welch, llegan al pueblo de Truth or Consequences - la verdad o las consecuencias- , digno final de una extraña y hermosa aventura.
Cortos
Alberto Fuguet
Alfaguara, Santiago, 2004.
320 páginas.

1 comment:

del otro hemisferio said...

Gracias por recordarme a Fuguet. Me dieron ganas de releerlo, pero no me traje nada. Aunque en un principio me parecia un poco sobrado (de la epoca en que salia en la tele), cuando lo lei, me empezo a llegar, quizas por una cosa generacional.
Si andan con ganas de leer algo distinto...Italo Calvino. Tiene una manera de romper esquemas notable. Claro, los que estan de humor para cosas complicadas, porque de que le gustan los enredos, no hay dudas.
Espero que sigan disfrutando del verano. Aca nos estamos enterrando en nieve.