Wednesday, January 18, 2006

17.01.2006

¿Y me preguntas que es amor? ¿Que es dedicación, paciencia, entrega?

Déjame contarte entonces lo que he visto.
En un parque residencial al que muy a menudo voy a sentarme a leer, donde me rodeo del ruido de los pájaros y el viento se transforma en brisa a través de los árboles, donde voy a leer durante esos veintitantos minutos que dura la “hora mágica”, este verano he presenciado una de las aristas del amor.

Sentada todas las tardes esta ella en su silla. Parece cómoda pero creo que ella no lo sabe. Su mirada esta todos los días clavada en sus manos, manos que se enroscan entre si sobre sus rodillas. Inertes. Su pelo goza moviéndose con la misma brisa que yo me refresco mientras leo. Pero nuevamente no se si ella lo sabe. Yo no se cuanto tiempo lleva así, inmóvil sentada en una silla de metal que no pierde su frialdad aun con los años que llevan juntas. La silla no la quiere. Nunca la ha querido y no querría a nadie. ¿Porque habría de querer a alguien de esa forma en su regazo? La verdad es que no lo se. Pero te puedo contar que he visto.
Junto a esta joven que se mantiene inerte y perdida y que solo de ella se mueve dando vueltas a su alrededor su sombra, se sienta todos los días su hermana. Lo hace también su madre. Vienen de otro país. Son extranjeras y están de vacaciones aunque me imagino que cuando se vive así difícilmente se sale de vacaciones o se descansa. Pero parecen felices. De hecho si se me fuera la vida en ello diría que son felices.
Conversan, leen, se ríen. Me intriga. Me emociona.

El día pasa. Ella, la joven de la silla, sigue igual. El quitasol que le han puesto para protegerla del sol ya se ha guardado, como seguro se han guardado muchas cosas que ella podría haber dicho. No se donde quedan guardadas. No quiero saber. Pero en los últimos minutos del día las veo a las tres tomarse de la mano. Se sonríen. El sol ya se ha ido y ellas siguen ahí. Han disfrutado del día juntas. Son felices. No han corrido por la arena de Reñaca, no han jugado paletas ni han bailado al compás del ultimo ritmo del verano. Pero se han amado. Se han acompañado y han escrito con sus sonrisas en su rostro: Te amaré siempre.

Ayer creo que la joven sonrió. A lo mejor lo imaginé. Pero me hizo feliz. Deje de sentir lástima. Deje de entristecerme y compadecerme. Descubrí otro tipo de amor. Cerré mi libro entonces porque era todo lo que en un día podía aprender. Nada más. Una arista nueva del amor.

3 comments:

tucolegadepiso said...

Qué increíble que a veces los que nos decimos "sanos" por no andar en una silla de ruedas no seamos capaces de disfrutar así de la vida, simplemente sintiendo la brisa en un parque, y se nos vaya la vida tratando de ser felices pero a costa de lo material y trivial que nos persigue, y lamentablemente alcanza día a día, que es la maldita y, a veces necesaria, rutina. Perdón por lo ácido de mi comentario, pero estas cosas me remecen y me hacen notar que la mayor parte de mi tiempo estoy mal enfocada.... Gracias por tu nota.... me despertó!!!

tucolegadepisoypucho said...

Qué increíble que a veces los que nos decimos "sanos" por no andar en una silla de ruedas no seamos capaces de disfrutar así de la vida, simplemente sintiendo la brisa en un parque, y se nos vaya la vida tratando de ser felices pero a costa de lo material y trivial que nos persigue, y lamentablemente alcanza día a día, que es la maldita y, a veces necesaria, rutina. Perdón por lo ácido de mi comentario, pero estas cosas me remecen y me hacen notar que la mayor parte de mi tiempo estoy mal enfocada.... Gracias por tu nota.... me despertó!!!

NN... said...

Como hacer que este impulso de sensibilidad y conexión dure más que unos minutos... La empatía es muy compleja y poco practicada actualmente, falta tiempo y espacio para usarla, tal vez el mar y la brisa marina la faciliten...